sábado, 27 de febrero de 2016

LECTIRAS RECOMENDADAS



Digital






LECTURAS COMPLEMENTARIAS
Para ser leida en casa  

Lectura  recomendada I


ELABORACIÓN DEL ESQUEMA CORPORAL


            Según Vayer, Pierre (1.984) el esquema corporal puede definirse como la imagen que cada individuo tiene de su cuerpo, relacionado con el espacio y el tiempo; alrededor de ésta imagen se estructura la personalidad, la cual se va desarrollando a partir del surgimiento de formas y funciones nuevas, preparadas por fases anteriores.

            Esta estructuración se inicia con la identificación del yo corporal,  posteriormente continúa con la organización de los datos provenientes del ambiente relacionándolos consigo mismo y, finalmente, con la integración de la toma de conciencia del espacio, lo que determinaría una adaptación entre el individuo y el medio.

            Este proceso evolutivo se inicia en la infancia y se completa alrededor de los doce años, siendo las etapas más importantes la de los años de preescolar y la primera etapa de los estudios básicos, que es cuando se forma este concepto. Posteriormente se convertirá en la base de la actividad práctica y de la actividad consciente. Este conocimiento del cuerpo se va constituyendo muy lentamente, en función de la maduración del sistema nervioso como resultado de experiencias corporales tanto de motricidad como afectivas. Esto último nos indica la importancia del  “otro” en la adquisición de la noción del cuerpo La imagen del otro, tal es el caso de la madre, es fundamental en el descubrimiento de si mismo, porque es a través de su contacto afectivo que el niño adquiere conciencia de sí y la va integrando a esa elaboración permanente de la imagen donde cualquier cambio generará nuevas estructuraciones.

            La noción del esquema corporal se adquiere a lo largo del desarrollo, desde el nacimiento hasta alrededor de los doce años. En los tres primeros meses la evolución de la motricidad depende de la evolución nerviosa, la mayoría de los movimientos son reflejos que están ligados a la estructura neurológica y a la maduración del sistema nervioso. El esquema se reduce en esta etapa a la zona oral y a datos de su cuerpo: musculares, articulares, laberínticos y cutáneos. Posteriormente, se van incorporando los datos táctiles y auditivos; los reflejos laberínticos provocan la orientación de la vista estableciéndose una coordinación entre la visión y el juego de manos.

            Progresivamente el niño va adquiriendo control y conciencia de su cuerpo, esta conciencia va a organizarse gracias a la actividad motriz: la representación completa del cuerpo finaliza hacia los doce años y es cuando las condiciones psico-biológicas dan lugar a las condiciones psico-sociales que permitirán el desarrollo del yo psicológico.

            Es importante destacar el papel de la maduración en el proceso de crecimiento del niño, ya que el yo corporal se desarrolla a partir de experiencias que van organizando mejor los movimientos que le permitirán culminar nuevas acciones, dependiendo todo esto del sistema nervioso central: este se desarrolla durante los  nueve meses de la gestación y aunque el tamaño del cerebro al momento de nacer es casi igual a su tamaño final, posee una parte menos desarrollada: la corteza cerebral, que regula las funciones complejas y los procesos superiores.

            Todo esto culmina con la definición de la lateralización y la mielinización del cuerpo calloso que permite la precisión motora y funciones superiores del ser humano. Esta inmadurez cortical facilita para que el enriquecimiento ambiental actúe para alcanzar un óptimo desarrollo. Este proceso culmina aproximadamente en los años escolares.

            Existen algunos elementos que conforman el esquema corporal:

 1.  Conocimiento del cuerpo
 Este conocimiento se construye a partir de la sensación y se emplea el cuerpo como medio de relación con el mundo y, posteriormente, como medio de expresión y comunicación. La conciencia del propio cuerpo le llevará a las diferentes posiciones de él con respecto al espacio así como a relacionarse con dicho espacio a través de todas las formas posibles de desplazamiento.

2. Lateralidad
Es una percepción interior que determina los segmentos dominantes, es consecuencia de la actividad motriz; se va integrando a los esquemas de conducta y patrones de identidad. Se establece alrededor de los seis años.

3. La actitud:
Es la postura individual, inconsciente e involuntaria, en donde cada segmento del cuerpo está equilibrado en posición de menor esfuerzo y máximo sostén.

4. La respiración
Es un acto involuntario y reflejo que puede controlarse voluntariamente. Su calidad determina la calidad de nuestras vidas, su alteración se manifiesta en el estado psíquico de los individuos.

5. La relajación
Es una expansión voluntaria del tono muscular, acompañada de una sensación de reposo; permite la disminución de la tensión muscular que repercute en el comportamiento.


NOCIÓN DEL OBJETO


            Mediante los movimientos de su cuerpo, específicamente a través de la prensión y a las manipulaciones,  el niño entra en contacto con el mundo de los objetos, descubriendo de igual manera nociones de adentro, afuera, arriba, abajo; a partir de los primeros desplazamientos construye las nociones de  cerca, lejos y límites. La experiencia visual está relacionada con la experiencia activa.

            Partiendo del cuerpo y su entorno, el niño va organizando y conquistando el espacio, acciones que se encuentran íntimamente unidas a la formación del esquema corporal.         La actividad corporal prepara las operaciones lógicas  ya que estas se asientan en la coordinación general de las acciones con anterioridad a su formulación en el plano lingüístico.

            Paulatinamente, el niño va tomando conciencia  y dominando los elementos  que conforman el mundo de los objetos a partir de sus desplazamientos y la coordinación de sus movimientos. De la misma manera se elaboran las nociones de tiempo, ya que como en la construcción del espacio el cuerpo es la referencia, de igual forma el tiempo es el espacio vivido.

NOCIÓN DE LOS DEMÁS


            La actividad motriz del niño le permite entrar en relación con el entorno y     reconocer el mundo de las cosas; esto le otorga al medio un papel preponderante en su desarrollo. Es partir de ese reconocimiento que logra establecer el mundo de las cosas y el mundo de los demás, logrando diferenciarse e irse adaptando progresivamente con el objeto de  integrarse.

            Al relacionarse con los demás los hace esencialmente en el plano afectivo a través de manifestaciones tónicas y posturales, haciéndose visible la actitud y la expresión corporal.  Estas manifestaciones generalmente son pasajeras, pero pueden convertirse en estados permanentes capaces de perturbar sus posibilidades de aprendizaje, obstaculizando de esta manera su desarrollo.



Fuente

Gordils, Marilyn. La danza como recurso para la adquisición de destrezas en niños con discapacidades leves. Trabajo especial de grado para optar al titulo de licenciada en danza, mención Docente de danza clásica. Iudanza 2.002


. LECTURAS COMPLEMENTARIAS II
Para ser leida en casa  
Graciela Fainstein: Michel Henry y la teoría ontológica del cuerpo subjetivo



Lectura  recomendada II


Mundo y cuerpo están, de este modo, estrechamente unidos en la experiencia,
configurando un conocimiento ontológico y una definición del Ser y,
al mismo tiempo, de la vida. Esto quiere decir que nunca el encuentro entre
el movimiento de nuestro cuerpo y los objetos del mundo es algo que ocurra
como un hecho casual o algo sorprendente, sino que esta experiencia
forma parte de lo esperado, de lo que sabemos que ocurre desde siempre,
de aquello que sabemos que va a ocurrir como el hecho más básico de
nuestra vida

Su lado negativo, la muerte, es vista entonces como “la desaparición total
de los poderes de mi cuerpo”. “El mundo ―dice Henry― es la totalidad
de los contenidos de todas las experiencias de mi cuerpo, el término de todos
mis movimientos reales o posibles. El ser de estos movimientos es el
ser mismo del conocimiento ontológico y, por lo tanto, no se trata sólo de
los movimientos actuales, presentes o accesibles sino de la posibilidad infinita
de mis movimientos, en sentido general.

Esta idea es la que quiere Henry expresar en el concepto de habitude: el
ser real y concreto de la posibilidad ontológica. El cuerpo es un poder en el
sentido de que es habitude, el conjunto de nuestras habitudes, siendo el
mundo el término de estas habitudes y nosotros sus habitantes:
 Es probable que para poder comprender, en toda su profundidad, la idea que quiere expresar Michel Henry cuando dice que el cuerpo es habitude tengamos que pensar en una traducción más amplia del término habitude que la de “hábito” o “costumbre”, que son las que primero nos vienen a la mente en español. Debemos incluir en la idea del cuerpo como habitude también lo que nos sugiere “hábito” como “hábito del monje” ―es decir, vestidura, regla, tradición, uso, uso repetido que aporta habilidad o conocimiento, también lugar o morada. En ese sentido aparece más claramente también la asociación con la idea de “habitar el mundo”, ser sus “habitantes”. La traducción, por tanto, del término habitude
como “hábito” o “costumbre” me pareció que limitaba la amplitud de la idea expresada por Henry y por eso he preferido dejar en este texto el término original en francés.
Cuerpo y alteridad
Habitar, frecuentar el mundo, es el hecho de la realidad humana, y este
carácter de habitación es un carácter ontológico que sirve para definir el
mundo en el cual el cuerpo es el habitante.

Todo conocimiento será entonces un reconocimiento. Cada acto de mi
cuerpo, cada movimiento sería algo más que un acto aislado y singular, sería
la posibilidad; el poder de efectuar ese movimiento de manera general
(no sólo un movimiento concreto, de prensión o de recorrido, por ejemplo)
lleva en sí mismo todos los movimientos pasados y futuros posibles respecto
de un objeto y de todos los objetos del mundo.

Al afirmar que el ser del cuerpo es habitude lo que se quiere expresar es
una posibilidad general e indefinida de conocimiento, como posibilidad real
del Yo, como actualidad ontológica y como identidad del cuerpo: “El cuerpo,
no es un saber instantáneo, es ese saber permanente que es mi existencia
misma, él es memoria”.

El cuerpo es, entonces, memoria. Este carácter de memoria es inherente
al cuerpo mismo, a su poder de actuar, de moverse y de vivir. El cuerpo
guarda la clave de sus primeros acercamientos, de sus contactos con las cosas,
con el mundo; y esta clave ―este secreto― es la que nos permite acceder
al mundo, a todos los objetos. Por tanto, al pertenecer nuestro movimiento
―nuestro poder de movimiento― a una esfera de inmanencia absoluta,
nuestro conocimiento del mundo no es nunca conocimiento nuevo.

Puede ser nuevo en cuanto a su contenido empírico concreto en cada caso,
pero ontológicamente es un conocimiento tan antiguo como nuestra existencia.
Habitude y memoria están estrechamente relacionadas: la primera
es el fundamento de la segunda en tanto que cada acto, cada movimiento,
encierra esta posibilidad de su repetición. El conocimiento es reconocimiento.
El ser originario del cuerpo subjetivo es el ser real del conocimiento ontológico
y por tanto una posibilidad de conocimiento en general, un saber
del mundo en ausencia de él, un recuerdo del mundo, memoria de sus formas,
conocimiento a priori de su ser y sus determinaciones.

¿En qué está basada entonces la unidad de nuestro ser, de nuestro
cuerpo, de nuestro Yo? Para Henry esta unidad no proviene de la memoria:
no es a través del recuerdo, ni por mediación del tiempo, que poseemos la
unidad de nuestro ser en el conjunto de nuestros actos y movimientos.
La unidad de nuestro ser a través del tiempo requiere un fundamento; y
éste es l’habitude. La unidad de nuestro ser no sería, entonces, algo constituido
por protenciones y retenciones sino que es inmanente al ser de nuestro
conocimiento ontológico, se confunde con él.
Desde esta perspectiva, la unidad de nuestro ser se identifica con una
vivencia íntima, que tiene sentido propio y que no se deriva de ninguna experiencia ni juicio anterior. La identidad personal es algo que se nos da originariamente, sin mediación alguna, con un sentido original y propio que
perdura a través del tiempo. La memoria y el recuerdo no fundan nuestra
identidad sino que, por el contrario, es nuestra identidad la base de estas
facultades psicológicas.

Maine de Biran había denominado esta unidad originaria “reminiscencia
personal” y le dio el sentido mismo de la existencia. Esta “reminiscencia
personal” se distingue de la memoria propiamente dicha como pensamiento
del pasado. La reminiscencia o memoria originaria sería como una “protomemoria”
que conforma nuestro cuerpo como el conjunto de todas nuestras
habitudes; pero no debe interpretarse como “inconsciente” o como una región
oscura y enigmática sino como una región originaria de nuestra subjetividad
absoluta.


[1] Método Activo: una propuesta filosófica. Madrid. Breviarios de Educación. MEC. 1985.
[2] Atreveix-te a pensar. La utilitat del pensament rigorós en la vida cuotidiana.Edicions La Campana.Barcelona 1998
[3] Cfr. M. Lipman. Filosofía para niños. Madrid. De la Torre. 1988
[4] III.5 Un modelo didáctico posible: diálogico-pragmático
[5] J. Escamez, G. López. El Aprendizaje de Valores y Actitudes. Teoría y Práctica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario